¿Cómo conocer y apoyar las emociones de tu hijo?

Escrito por Parents' Place

Aunque todos los seres humanos experimentan emociones de diferentes tipos es difíciil estudiarlas debido a que son totalmente subjetivas. Sin embargo, muchos científicos aseguran que debido a que las emociones complejas (frustración, decepción, excitación) se despliegan de las emociones simples (enojo, tristeza, felicidad), el desarrollo emocional puede considerarse como un proceso ordenado (Papalia, 2007).

Las emociones tienen un papel importante en el desarrollo del niño. Una de sus funciones es comunicar las necesidades y deseos de tu hijo y a su vez, establecer una relación entre él y tú. Emociones como el miedo o la sorpresa, tienen una función protectora, ya que te permiten reaccionar en situaciones de emergencia. Emociones como la excitación o la sorpresa, propician que tu hijo explore el ambiente.

La estimulación emocional es esencial para que un niño se desarrolle sanamente. Tanto así, que un bebé al que no se le demuestran emociones: que no es abrazado, no se le habla, ni se le apapacha, puede tener dificultades de crecimiento y desarrollo, aún y cuando sea alimentado adecuadamente. Te recomendamos la sección de ESTIMULACIÓN EMOCIONAL en Secciones Especiales de PARENTS’ PLACE, en la cual podrás encontrar la manera de estimular emocionalmente cada área de desarrollo de tu hijo.

Es probable que ya hayas notado que es aún más difícil saber cuando un recién nacido se siente feliz que cuando se siente desdichado, ya que la desdicha la manifiesta con llanto y movimientos de manos y pies desde que nace. A medida que crece, tu hijo manifestará felicidad sonriendo, levantando los brazos, o acercándose a aquello que lo emociona.

Es importante que tu hijo sienta que los mensajes que expresa son respondidos. Cuando su llanto alivia sus incomodidades y sus sonrisas producen risas en los otros, su sentido de conexión y control sobre el mundo crecen.
Los niños pueden llegar a experimentar sus sentimientos de manera más intensa que los adultos debido a:

Que cuentan con un control limitado sobre sus emociones: Los niños son principiantes en el manejo y la regulación de sus emociones. Es importante distinguir entre tu emoción y la del niño, y en vez de enojarte, ayudarlo modelándole un mejor manejo y control de la misma.

Que no saben que las emociones cambian. Los niños pueden sentir que las emociones van a durar para siempre. Por lo que puede ser útil que a partir de los 18 meses, al finalizar un berrinche o después de un gran enojo, cuando ya estñe tranquilo o sonriente le enseñes que la tranquilidad vuelve y que el enojo no duró para siempre.

Que sólo pueden experimentar una emoción a la vez: Los niños pequeños, no suavizan una emoción con otra, ya que solo sienten una emoción a la vez. Como adultos, podemos sentirnos asustados por un accidente, pero felices que no pasó a mayores.

Que ciertos niños tienen un temperamento que provoca que les cueste trabajo adaptarse a los cambios. Esto hace que requieran mayor ayuda y apoyo con las emociones difíciles.

Para un niño es difícil dejar de sentir una emoción negativa a través del proceso de racionalización. Recuerda que los niños, más que de “hablar” y “pensar”, actúan. Ellos tienen que hacer algo para dejar de sentir eso que les esta afectando. Puede ser respirar profundo, abrazar a un peluche, alejarse de aquella persona que los está molestando, o pedirle un abrazo a mamá.

Como padres, es nuestra responsabilidad ayudarles a encontrar maneras socialmente aceptadas para lidiar con sus emociones. Puede ser de gran ayuda recordar que, inclusive como adultos, en ocasiones, nosotros requerimos respirar profundo para regular un poco nuestras emociones.

Es muy importante que a medida que nuestros hijos aprenden el vocabulario de los objetos que los rodean, también empiecen a nombrar las emociones. Usualmente, los niños conocen el enojo, la felicidad y la tristeza; sin embargo, estas tres emociones no cubren la variedad de las experiencias que vive un niño. Si comprenden lo que es un elevador o un camión, entonces son capaces de comprender lo que significa estar decepcionado, frustrado, asustado o emocionado.

Una manera de que los niños aprendan las emociones es nombrarlas mientras las están sintiendo: “Te ves emocionado”. Para emociones más fuertes, es importante esperar a que la emoción haya pasado: “Estabas asustado cuando se acercó el perro grandote” o “Te decepcionaste cuando se reventó el globo”. Cuando se trate de enojo, es importante hablar de las emociones que surgieron antes del enojo. Usualmente nos sentimos asustados, preocupados, decepcionados antes de sentirnos enojados. Es importante conocer estas emociones para contar con diferentes opciones para manejar la situación.

Otro factor importante acerca de las emociones, es que los niños puedan reconocer la parte de su cuerpo en donde sienten cierta emoción. Niños de cuatro años ya son capaces de responder a preguntas como “¿Qué quieren hacer tu manos y pies cuando estás enojado?”, “¿Te duele la pancita cuando estás preocupado?” o “¿El corazón te late más fuerte cuando estás asustado?”. La comprensión de las emociones en el cuerpo será útil toda su vida.

Basado en información del libro “Raising Resilient Children” (2001) de Robert Brooks y Sam Goldstein